Carta Episcopal - Non Veni Vocare - Sobre el Autentico Apostolado hacia las Personas con Atracción al mismo Sexo

Carta Episcopal
Non
Veni Vocare
Sobre el Autentico Apostolado hacia
las Personas con Atracción al mismo
Sexo
1 - Non veni
vocare justos, sed peccatores ad poenitentiam - (1) (No he venido a llamar a
los justos, sino a los pecadores al arrepentimiento). Se engaña y miente
pertinazmente quien arguye de palabra y de obra que la Iglesia rechaza a los
hermanos que, en sus preferencias, se sienten atraídos hacia su mismo sexo, por
el contrario, la Santa Iglesia, como Madre amorosa que es, les tiende los
brazos para acogerlos, para liberarlos y para sanarlos. El Señor, llama a los
pecadores, vive y convive con ellos, y, sin embargo, los insta al arrepentimiento
y a la conversión de vida en el abandono del pecado. Dios ama profundamente al Hombre,
pero rechaza irremediablemente el pecado.
2 - No podemos
hablar de una autentica acogida, desde el lenguaje corrupto y manipulado de la
inclusión que se burla de la persona, que la enfrasca en sus pasiones
desordenadas y la sumerge en su propia condición de pecado. Cristo vino a traer
vida, y vida en abundancia (2), vino a liberar al Hombre de la esclavitud. La
Iglesia, debe cumplir la Misión encomendada por su Señor y llevar a la Plenitud
al Hombre creado a imagen y semejanza de Dios (3). La Dignidad como Hijos de
Dios no se pierde ni se menoscaba, aún cuando el pecado le opaque, el Buen
Pastor viene a buscar a las ovejas perdidas para sanarlas, para cargarlas y
hacerles volver al redil del que salieron.
3 - Es sumamente
penoso y preocupante que los Fieles caminen por el camino del error por no tener
conocimiento de la Enseñanza de la Iglesia, y más escandaloso aún, que los Pastores,
conociendo la Doctrina, no la prediquen o lo que es peor, conociéndola, la
contradigan en aras de una aparente misericordia permisible y ambigua, como si
se tratara de una carta de pedido, de la cual tomo lo que me acomoda y me gusta
y desecho aquello que no aplaude mi manera desordenada de vida. Es por ello,
que Nos, conscientes de la gravedad que pesa sobre nuestra cabeza, por el bien
de las almas, no podemos quedarnos estupefactos contemplando como los Pastores,
Hermanos Nuestros, pierden a las ovejas y las manipulan, es necesario que
tomemos la Palabra, no para condenar, que justamente le corresponde a la Divina
Majestad hacerlo en el día del Juicio Particular, sino que, por encima de ello,
nos corresponde discernir y enseñar a las ovejas, cual es el sendero que deben
caminar para alcanzar la Salvación. Somos siervos, y debemos estar dispuestos para
hacer lo que el Señor nos ha encomendado, que si por desgracia, Dios nos libre
de ello, nos condenamos, tristemente no vamos solos al lugar del castigo, sino
junto a nosotros, van caminando aquellas almas que por nuestra culpa no alcanzaron
la Redención, por nuestro mal ejemplo, porque enseñamos el error o porque
callamos como perros mudos siguiendo nuestra conveniencia (4).
4 - La Iglesia
está llamada a ser luz en medio de las tinieblas del error cada vez más
imperante en el mundo y tristemente, muchas veces solapado el mal desde
adentro, ya no por los enemigos que son declarados, sino más preocupante, por
aquellos que estando dentro de la Iglesia, sirven como nuevos Judas
traicionando a Cristo y llevando tras de sí, no pocas almas al error y a la
perdición. ¿Y en ello se nos puede acusar de Juzgar ventajosamente y tomar el
papel que solamente a Dios, Juez de Vivos y Muertos le corresponde?
Abiertamente debemos censurar tajantemente a quien pensare de esa manera al
leer estas líneas y decir que se aleja del camino seguro que el mismo Cristo
nos ha mandado en el Evangelio, porque la Iglesia esta llamada a Juzgar
decididamente desde el Discernimiento: - No juzguéis por las apariencias, sino
juzguen con juicio justo - (5).
5 - No
podemos escudarnos en la ambigüedad y el conformismo de una nueva cultura del -
no juzgues – o incluso el - ¿Quién eres tú para juzgar? -, y lo que es más
preocupante aún, la falsa caridad que empuja al - amor es amor -, para justificarlo
todo. No puede la Iglesia corromper la Doctrina Divinamente recibida bajo el
pretexto de atraer a los Hombres, hoy, vemos la manipulación del lenguaje a tal
extremo, que aquellos que anuncian la verdad, son tachados del intolerante, y
vemos como con precisión, se cumplen las palabras del Apóstol: - Porque vendrá
tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de
oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos - (6) y con
que tristeza, algunos Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio se prestan a
este juego que bien podemos llamar diabólico.
6 - La Iglesia
es intolerante en los principios porque cree; pero es tolerante en la práctica
porque ama. Los enemigos de la Iglesia son tolerantes en los principios porque
no creen; pero son intolerantes en la práctica porque no aman - (7). Hoy en día,
el concepto corrompido de tolerancia no aporta nada útil ni verdadero, ni a la
Iglesia ni a la sociedad misma que abandera el escudo de la tolerancia, del
reconocimiento y de la inclusión. Se busca abanderar una apología teológica desde
la concepción marxista entre - dar al César lo que es del César y a Dios lo que
es de Dios - (8), y hemos llegado al
punto, en que incluso se da al César (poder político y elitista) incluso los
derechos que solamente le corresponden al Dios para no incomodar al mundo y a
las mentes enajenadas y fanáticas que han sido manipuladas al extremo se verse
a sí mismas como interpretes autenticas de la verdad, de su - verdad - que manipulan
a conveniencia.
7 - No podemos,
sino consentir y hacer eco de lo que la Iglesia enseña en su Magisterio
Infalible en cuanto a las Verdades de Fe y en consecuencia a la Moral que debe
ser siempre congruente con la fe profesada, en tanto que ambas se llevan de la
mano una a la otra inseparablemente. Tanto más en aspectos tan delicados como
los que aquí tratamos y no podemos renunciar a esta verdad pese a la persecución
y la lapidación de los respetos mundanos y el discurso que hoy se levanta como
- correcto -, pero que es fruto del libertinaje. No podemos secundar bajo la
premisa impuesta - ¡Haz tu vida y deja que yo haga la mía! -, que traducida no
es sino el - ¡sé que estoy en el error y no me importa! -. La Iglesia respeta
la libertad de cada bautizado, y, sin embargo, ese respeto no implica olvidar
lo que cree ni mucho menos dejar de predicar aquello que cree para satisfacer a
las masas y no ofenderla, que bastante se ha ofendido ya a Dios y de ello no se
ve ningún remordimiento, y que incluso los Pastores nos vemos atados de manos
arbitrariamente para decir las cosas por su nombre.
8 - Hoy se llama
- bien al mal y mal al bien -, el fanatismo ha carcomido incluso el sentido común
de las masas y deplorablemente la verdad y quienes la gritan deben agachar la cabeza
para no ofender y para arrastrarse quedando bien con el mundo. No se puede
servir a dos amos, no se puede servir a Dios y al diablo (9).
9 - La Iglesia,
como Cristo, acoge al pecador, enaltece la dignidad de la persona, pero no
puede aplaudir el pecado. La Iglesia acoge a los hermanos que se sienten
atraídos hacia su mismo sexo, hombres y mujeres, los abraza y los acoge con la
compasión que brota de un deseo de acompañar, de sostener, no con lastima de
quien toma distancia y abandona. Más, sin embargo, no puede ver como bueno
aquello que es intrínsecamente malo para el propio desarrollo humana y social.
La Iglesia proclama el valor y la sacralidad de la unión conyugal entre el
hombre y la mujer en el complemento mutuo que tiene como fruto la propagación
de la especie y el crecimiento de la sociedad. La apertura a la cooperación del
Don de la Vida desde el plan amoroso de Dios. La Iglesia acoge a estos Hermanos
nuestros - con respeto, compasión y delicadeza, pero exigiéndoles también la
vivencia del Don de la Castidad - (10), son Hijos de Dios y como tal, amados y
esperados por él, no podemos interpretar las frases ambiguas y que juegan un
modo paradójico de prueba al enunciar que - Dios te hizo así -, no podemos
interpretarlo como algo incorregible y mucho menos como algo que no se puede
domar. La misma exigencia se guarda para los Heterosexuales fuera de la Unión
Matrimonial y con mayor razón en la separación del cónyuge en el mal llamado
divorcio o en el adulterio.
10 - No
podemos nosotros, separarnos de la Doctrina de la Iglesia que con toda claridad
nos enseña en el Catecismo, como Verdad de Fe que absolutamente todo el Pueblo
Católico debe creer y profesar: - La
homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan
una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo.
Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen
psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada
Escritura que los presenta como depravaciones graves (11), la Tradición ha declarado siempre que “los actos
homosexuales son intrínsecamente desordenados” (12). Son contrarios a la ley
natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera
complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún
caso - (13).
11 - Y continúa el mismo: - Un número apreciable de
hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas.
Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de
ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y
delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta.
Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si
son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que
pueden encontrar a causa de su condición… Las personas homosexuales están
llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la
libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de
la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y
resueltamente a la perfección cristiana - (14).
12 - Esto es irrenunciable para la Iglesia entera, y
tanto más para nosotros los Pastores que debemos proclamarlos. Acoger con
respeto, no implica aplaudir el error, por el contrario, es saber escuchar,
aconsejar, dar pautas y directrices para que la persona supere las
inclinaciones desordenadas y empiece el camino de la Conversión, se libere de
sus ataduras y se fortalezca mediante la vivencia de la Gracia, por medio de la
Oración, los Sacramentos y el Acompañamiento. No se puede concebir de manera
diferente. No se puede renunciar esto ni mucho menos dejarse amedrentar por la
imposición ideológica actual.
13 - Acoger, no significa dar la palmada en la espalda
y hacer como que se esta bien llevando la joroba que estorba. Tristemente en la
Iglesia, los Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio se han vuelto ciegos
guiando a los ciegos y tristemente desde las altas Jerarquías, son aplaudidos y
muchas veces promovidos públicamente ante la mirada atónita de no pocos fieles
que se sienten lastimados y de no pocos Hermanos con estas orientaciones que se
sienten ofendidos y en absoluto representados por semejantes acciones. Lejos de
sanarlos, se sienten lastimados y desconcertados. Los que han sido llamados a
ser Pastores, terriblemente se han vuelto lobos y asalariados que mutilan y
trasquilan aún más a estas ovejas. Esa no es nuestra labor, ese no es el
Evangelio que se nos ha confiado.
14 - Hago un llamado a mis Hermanos en el Episcopado y
en el Sacerdocio para hacer un urgente examen de conciencia, una retrospectiva
de lo bien o lo mal que estamos llevando este Apostolado: ¿para bien o para
mal? ¿para salvación o para condenación? Y reconozco que, en muchos corazones,
mis palabras sonaran injuriosas y ofensivas, e incluso despectivas, y sin
embargo, por amor a Cristo y a las almas, hago lo que me corresponde y ante
Dios mismo he de llegar a dar cuentas, ¡ay de mí si no predico lo que he
recibido! Y que pena de aquellos que conociendo la verdad o la callan o la malversan
creando escandalo entre los pequeños, entre los fieles. Reconocemos, que somos
como voces en medio del desierto o como locos en medio de la multitud a quienes
nadie quiere escuchar y que desearían callar de tajo bajo el golpe de la navaja
sobre la garganta, y sin embargo, es necesario hablar, sembrar la semilla y
esperar que germine en tierra buena, en los corazones de buena voluntad y
dispuestos para recibir la Palabra de Dios.
15 - A los Hermanos homosexuales, les invito a
acercarse a la Iglesia, acercarse a buenos Pastores, no los que van a decir lo
que ustedes quieren escuchar, sino los que hablan lo que ustedes necesitan
escuchar. La Iglesia no los rechaza, la Iglesia no los condena, pero no puede
aceptar el error y el pecado en el que viven. Sea cual sea la causa por la cual
viven y muchos sufren la inclinación, ciertamente llevas una cruz pesada, y más
aún si pretendes llevarla solo por tus propias fuerzas, siempre, a lo largo de
la vida, necesitamos quien nos ayude a soportar la carga porque solos no
podemos.
16 – Orar por la Iglesia, orar por los Pastores, para
que sea siempre el Espíritu Santo quien los ilumine, quien hable a través de
ellos para edificación de la Iglesia, para la salvación de las almas. Extiendo
a quienes han leído estas letras y sobre sus familias, nuestra Bendición
Episcopal.
Dado en la Ciudad de Mexicali, B.C., México. A los III
días del mes de agosto del Año del Señor MMXXII. Primero de Nuestro Episcopado.
Comentarios
Publicar un comentario