Carta Episcopal - Conticuit Populus - Reflexiones sobre la Situación Social en la Actualidad
Carta Episcopal
Conticuit
Populus
Reflexiones
sobre la Situación Social
en la
Actualidad
1 - Conticuit populus meus, eo quod non habuerit scientiam - (Mi pueblo perece por falta de conocimiento) (Os. 4, 6). Lejos de escandalizarnos la situación actual de la sociedad abiertamente anticristiana y amoral, es un signo preocupante la decadencia que se vive en un crecimiento paulatino y acelerado, una decadencia de valores espirituales y morales. Cada generación, sin lugar a duda, experimenta sus propios retos en todos los campos, y corresponde, no a la mayoría, sino muchas veces, a una minoría capaz de afrontar y enfrentar con valentía estos obstáculos. Una minoría con una mirada sobrenatural y un entendimiento capaz de transportar a la acción un verdadero cambio en medio de las locuras imperantes.
2 - Y ciertamente, en una sociedad sumergida en su propia locura, el emocional y espiritualmente estable es visto como un revolucionario y un desadaptado, el loco entre todos por no plegarse a los desatinos que se abanderan como “normalidad’ o “actualidad” por la misma sociedad que se ha corrompido y bestializado aún el mismo sentido común que le fue infundido en su pensamiento, donde todo pensamiento critico es visto como discurso de odio e intolerancia, de la misma manera que la luz es altanera para las tinieblas.
3 - Una sociedad que abandera el estandarte de la libertad, pero que a cada paso que da, es ella misma quien se abrocha los grilletes de la esclavitud, ya no material como aquella de la que la persona dependía de un amo para subsistir, sino una cada vez peor, donde la misma persona por placer y libre voluntad, es capaz de pisotear incluso su propia dignidad y pisotear la dignidad de los demás pese a las consecuencias que acarrea ello.
4 - Y es en medio de este mar agitado, que los Pastores tenemos que elevar la voz profética de la Iglesia, donde es necesario colaborar no solo por levantar los espíritus quebrantados y lastimados que viven sumergidos y casi ahogados en esta situación decadente, sino ir más allá, a re - cristianizar a las almas, a la sociedad. No puede la Iglesia Jerárquica quedarse mirando como todo se desmorona sin ser capaz de extender sus manos no solo para hacer el bien, sino para cumplir su Misión por la Salvación de las almas que cada vez se pierden irremediablemente porque no hay Pastores celosos que salgan a buscar a las ovejas perdidas del rebaño. No solo como una mera labor altruista de una Organización No Gubernamental, sino inmersa desde la Caridad de Cristo, que es la que debe urgirnos a levantarnos para acercarnos a las almas.
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- Es necesario que los Pastores seamos capaces de tocar las heridas de las
ovejas, sentarnos con ellas y escucharlas, conocer a fondo para dar respuestas
y acompañarlas. Parece, que viven como ovejas que no tienen pastor (Mt. 9, 36),
que incluso ellas mismas salen a buscarlo y es el mismo que no es encontrado o
incluso las despide, las rechaza, y acaban aún más lastimadas que como
llegaron. También la Jerarquía, NO la Santa Iglesia, es culpable en su medida,
de los males espirituales y morales que hoy azotan a la humanidad, porque no
han sabido ser Padres, sino asalariados que se han dedicado a trasquilar a las
ovejas, que parece que las han engordado para el matadero con las palabras que
ellas quieren escuchar, pero no las Palabras de Vida Eterna que necesitan
escuchar y que deben resonar desde los Altares. Tajantemente debemos elevar la
voz y decir que muchos Pastores han dejado de cumplir la Vocación Profética a
la que hemos sido llamados.
6 – La Iglesia es colaboradora en medio del mundo, su Vocación es Espiritual, no de lleno a la labor social que ciertamente corresponde a los Fieles Laicos, al ser injertados en la Iglesia por el Bautismo, ellos viven en el mundo y conocen más de cerca las realidades que aquejan, ellos entran a donde nosotros muchas veces no podemos entrar. Pero es necesario que también tomen el compromiso de crecer en su Fe, de ser testimonio de la diferencia que busca reformar a la sociedad y afrontar con valentía ser ese signo de contradicción que debemos ser.
7 - Hoy, más que nunca podemos decir que toma sentido el mismo Evangelio: - Dejad que los muertos sepulten a sus muertos – (Lc. 9, 60), y, ¿cómo podemos comprender esta sentencia tan tajante que lanza Nuestro Señor? Los muertos en el espíritu, los que se han dejado llenar de vicios y de sus propias pasiones. Los que, lastimados, caminan incluso sin ilusión ni esperanza. Que se han embriagado con el espíritu de la rebeldía incluso contra sí mismos no aceptando lo que son, sus cualidades e incluso sus defectos los ensalzan como virtudes, como si se tratará de un escudo que los protegiera de ser aún más heridos en su propio orgullo y más allá, en su propia dignidad. Pecados personales que llevan arrastrando como lozas insoportables a las cuales se aferran como sus seguridades y pareciera que no conocen otro tipo de vida humana y espiritual, se han acostumbrado a su propia esclavitud, porque se han creído que esa es una forma natural de vivir y sobrevivir el tiempo que dure su vida terrena.
8 - La violencia que con desconcierto se observa, no es sino el reflejo de la violencia en que viven las almas, consigo mismas, violencia, porque se han alejado de Cristo. No podemos esperar una sociedad en paz y tranquilidad, cuando hemos desterrado arbitrariamente a Cristo y hemos sacudido de los pechos el yugo suavísimo de su Ley para implantar toda clase de bestialidades. El Hombre moderno vive sumergido en un sin número de dudas existenciales, personales y comunitarias y su orgullo le impide contemplar la Luz que se irradia delante suyo. Teniendo puesta la mesa donde saciarse de todo cuanto necesita, ha caído de las alturas para hartarse de las migajas que le da el mundo, el demonio y su propia carne, esclavo de sus vicios, se niega a reformar su vida, como el ave en la jaula teme salir de ella para volar con libertad.
9 - La Familia, núcleo de la Sociedad, atacada incesantemente por los enemigos que desdeñan abiertamente su papel y que encima, pretenden dar clases de familia sin siquiera adaptarse a una por el mar de circunstancias que de trasfondo llevan. Padres contra padres, hermanos contra hermanos, divisiones y violencia en las familias no traen sino el mismo núcleo de la decadencia social. Si la familia es firme en la unidad y fomenta los más elementales valores, la sociedad saldrá adelante en su Misión en el Mundo como Verdadera Iglesia Doméstica, testimonio de la Acción de Cristo en el mundo.
10 - No podemos seguir fundando una sociedad en medio de la violencia y de la división que únicamente va a generar más violencia y más división. Es por ello por lo que vemos la necesidad de elevar con urgencia nuestra voz, aunque ahora parece que clamamos en el desierto. Es Nuestro deber como Pastor, elevar una exhortación y también un justo reclamo a los padres de familia, para que no sigan descuidando a sus hijos por el afán desmedido del dinero, que Dios ha puesto al servicio del ser humano como un bien, un medio necesario, pero no como un fin absoluto. Se atienden ciertamente las necesidades materiales, pero descuidan las necesidades materiales y morales y de sus hogares, y en especial esto aplica para actualmente para el padre de familia, para la madre de familia que, entre ambos, se esfuerzan por sacar adelante los bienes en sus hogares. Es necesario que también se esmeren en la formación cristiana de sus hijos, que hagan cimientos sólidos en la fe y en las costumbres, es en el hogar donde comienza la verdadera Catequesis, el primer Catecismo que los hijos verán será en el testimonio de sus Padres. Pero si ellos están alejados de Dios, de su Gracia, de los Sacramentos… ¿Qué semilla pueden ser capaces de sembrar? ¿Qué fruto pretenden recoger?
11 - Es necesario hacer hincapié tantas veces sea necesario en ello, aunque ahora parece que hablamos al aire, a una sociedad en aparente crecimiento, pero que se sumerge en su propia miseria. Una generación que teniendo delante suyo aparentes avances, no parece, sino que camina rápidamente a su propia destrucción. Los jóvenes que caminan sin un sentido de identidad ni de pertenencia, podemos decir, porque la inercia y la necesidad de salir adelante los empuja, pero que el semblante es uno apagado, carente de toda ilusión o de un propósito que los anime. Miradas vacías tratando de encontrar un poco de luz, como si anduviesen a tientas para encontrar algún sostén e incluso, encontrarse a sí mismos. Que van reproduciendo las mismas heridas que han recibido, porque es lo que aprendieron y parece que no hay que ayude a cortar esas cadenas que los atan.
12 - Las jóvenes que son vistas y tratadas como objetos de placer, que no encuentran muchas veces, fuera de la excitación pasajera de la carne el estímulo que humana y espiritualmente necesitan. Otras muchas porque son abusadas y ha sido pisoteada su dignidad. Porque buscan consuelo y atención que tantas veces en sus senos familiares no han encontrado la escucha, el desahogo, el sostén que necesitan. Que buscan refugio en lugares turbios y en brazos igual o más lastimados que los propios. Que tanto hombres como mujeres viven sumergidos en la drogadicción y en los vicios, unos por libertad, otros, porque han sido engañados y les han hecho creer que esa era la única puerta de escape a los problemas, a sus propias realidades, puertas falsas que los conducen a sus propios despeñaderos humanos, morales y que, en el espíritu, no son sino cadáveres que prodigan compasión el solo mirarlos.
13 - Y a ellos, poco podemos juzgarles injustamente, cuanto son reos de terceros, pero que, sin embargo, también son reos de sí mismos por la poca fuerza de voluntad en algunos en otros por las negligencias de los padres, de los hermanos, de la propia sociedad que los juzga y los señala sin tenderles una mano que los levante y los reincorpore. Más aún, que les lleve la Caridad de Cristo para que sean plenamente liberados, para instaurar en ellos el Reino de Jesucristo. Solo así, la sociedad será el comienzo de los cielos y la tierra nuevos que se nos ha prometido.
14 - No podemos como Sociedad, seguir caminando de esta manera, no podemos seguir soportando en los hombros esta decadencia. El continuo desprecio de la sociedad humana, el continuo pisotear de la dignidad personal. No fuimos Redimidos para ello, no hemos sido llamados al mundo para ser mediocres, ni para vivir arrastrándonos como gusanos esperando la muerte. Esa NO es la vocación del ser humano creado a Imagen y Semejanza de Dios, una Humanidad que a sido rescatada a precio de Sangre sobre la Cruz, que ha tenido que soportar burlas y vituperios
15 - Nos hemos convertido en una sociedad insensible, acostumbrada a conocer las masacres, a ver a los hermanos deshechos como si se tratará de basura, sin dignidad ni amor. Nos hemos acostumbrado a ser indiferentes a los problemas, más aún, a fomentar actitudes que solo acarrean tiempos peores sobre nosotros.
16 - Hago un llamado insistente a quienes me leen, a quienes se han tomado el tiempo de conocer estos puntos. Especialmente de Nuestra Ciudad, es necesario y urgente que cerremos el paso a lo negativo, que clamemos con insistencia a Dios y hagamos un profundo examen en nuestras conciencias, un examen familiar y social. A redescubrir el valor de nuestras familias, a centrar nuestras prioridades en lo realmente importante. No solo me dirijo a los Fieles Católicos, también me dirijo a las demás denominaciones cristianas y no cristianas de buena voluntad que se esfuerzan por dar lo mejor de sí mismos. Es mi Obligación en Conciencia exhortar a los Fieles, pero es decisión de estos mismos fieles hacer fecundo el mensaje en el mundo, especialmente a donde Nosotros, como Pastores, no podemos llegar. Todos, estamos llamados a ser sal y luz del mundo, para que se crea realmente del Nombre de Cristo.
17 - Extiendo mi bendición sobre sus Familias y sobre todas aquellas personas que quieren generar un cambio en la Sociedad.
Dado
en la Ciudad de Mexicali, B. C., a los 14 días del mes de julio del Año del
Señor 2022. Festividad de San Camilo de Lelis, Patrón de los Médicos.

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