Carta Episcopal - Malum Non Vincere - Ante los Acontecimientos de Desaparición y Violencia que ha vivido Baja California
Carta Episcopal
Malum Non Vincere
Ante los Acontecimientos de Desaparición y Violencia
que ha vivido Baja California
1 - ¡El mal no vencerá!, aun cuando parezca inevitable su victoria en el
momento presente, tenemos la esperanza de que ya ha sido vencido, no podemos
imaginar el dolor, la angustia y la desesperación que viven aquellos hermanos
que han sido privados de su libertad por los diversos y cuales quiera motivos
que lleven a sus Hermanos a cometer este tipo de actos tan dolorosos, y de
aquellos familiares que se ven privados de la compañía de sus seres amados a
causa de estas decisiones que siempre serán condenables, más aún, cuando la
víctima es inocente o reo de un daño colateral que no le involucraba. Así como
también, no podemos dejar de exhortar a la sociedad misma y condenar el juicio
arbitrario y anticipado que se llega a emitir por el desconocimiento de la
situación que solamente quien vive el dolor puede contar.
2 - Ni podemos dejarnos llevar tampoco por una histeria colectiva, rayando
en mirar por todas partes enemigos o perder la paz de caminar por la calle, sin
estar cuidando cada paso que damos o a quien nos encontramos por el camino,
juzgando ya anticipadamente. No es sano vivir con miedo, no podemos
acostumbrarnos a vivir bajo el yugo del miedo, del desasosiego y la
desesperación. El Ser Humano ha sido creado desde la libertad por el amor y ha
sido liberado de la esclavitud del miedo por el Único Sacrificio válido que
reconcilia a la humanidad entera.
3 - Deseamos hoy dirigirnos no solo a la Sociedad que vive inmersa en una
constante expectativa ante los diversos acontecimientos de desorden en la
seguridad que vive nuestra Ciudad y nuestro Estado, sino también a los
diferentes Colectivos de Búsqueda, aquellos hombres y mujeres que desgastan sus
fuerzas con un sentido noble, no solo buscando encontrar la paz ante la ausencia
de sus seres amados, sino que apoyan a otros hermanos en situaciones iguales o
semejantes a encontrar un sentido a su perdida y volver a la paz que tanto
necesitan en sus vidas. No podemos permanecer inertes ante esta realidad ni ser
indiferentes ante el sacrificio que realizan estos Hermanos Nuestros, frente a tanta
indolencia, incapacidad y empatía por aquellos que debería por servicio y
vocación salir delante suyo para mitigar con su trabajo la añoranza en el
precipicio donde se balancea la estabilidad emocional de no pocas familias y
donde no solo se ha perdido la fe, sino también el animo de seguir adelante.
4 - Los recientes hechos como los que están a la vista sin recibir
acciones, ponen de manifiesto la limitación, no solo de los órganos de gobierno
y de justicia, sino incluso de ciertos sectores de la sociedad que parece se
han acostumbrado a esta realidad, que siendo así, no tendría que existir, desde
una mirada tal vez utópica, pero que nos pone frente a frente con la libertad
del ser humano para escoger el mal por encima del bien que se ha infundido en
su propio corazón, pues no fue creado en la maldad, sino en la bondad. Contemplamos
corazones no solo vaciados de sentido, sino lastimados que los empujan a
lastimar a sus hermanos, hoy hacemos eco de las palabras del Arzobispo Oscar
Arnulfo Romero: “Un suelo ensangrentado no puede dar fruto”, por el contrario,
esa misma sangre muchas veces inocente, clama no solo justicia humana, sino la
justicia divina incluso, justicia que si en esta vida no es ejercida, no pasará
impune en la Vida Eterna, porque Dios no solamente es amor y misericordia, sino
la Plenitud de la Justicia que ahora esperamos, que esperan los familiares que
hoy lloran y sufren.
5 - Hacemos un llamado a aquellos hermanos que han privado de la libertad a
otros hermanos al arrepentimiento, a la conversión, a la compasión, no es entre
Hermanos de una misma sociedad que se debe alzar la mano para lastimar a otro,
sino tenderla para brindar ayuda mutua que construya una civilización en paz,
una civilización en el amor. No podemos como sociedad, anidar división y odio,
por el contrario, es el momento de permanecer unidos con Dios mismo y entre
nosotros para que el mundo verdaderamente cambie. “La paz en la tierra, [es la]
suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia” (Enc. Pacis in
Terris, 1; Juan XXIII), pero no puede alcanzarla solamente por sus fuerzas, ni
quebrantando el Orden de la Ley Natural impresa en sus corazones por Dios, es
ahí donde comprendemos, que el ser humano necesita volver a levantar su mirada
y ver con claridad la Obra de Dios en él, en su propia dignidad, para poder
reconocer esa misma dignidad en aquellos que lo rodean.
6 - Exhortamos a los Fieles Cristianos - Católicos, pero también a todas las
personas de Buena Voluntad, a apoyar no solamente con Nuestra Oración y
Sacrificios que nunca estarán de más ni serán menospreciados, sino también a
contribuir en lo que este en nuestras manos, poco o mucho que hará una gran
diferencia, tanto material como espiritualmente, no podemos solamente quejarnos
y exigir sin trabajar por la tan anhelada paz que tanto necesitamos.
7 - Como Ministros Religiosos, nuestra principal Obligación es no abandonar
a los fieles, estar presentes por medio de la Palabra y de la Caridad, no
abandonarlos, por el contrario, acogerlos, abrazarlos, darles Palabras de Vida,
de consuelo y esperanza. No para hacer del Ministerio una bandera política, eso
NO nos corresponde, nuestra Vocación es servir a Cristo y de él, servir a los
demás en caridad y verdad. A eso estamos llamados los Miembros que somos de las
diferentes Agrupaciones u Asociaciones Religiosas, a ser verdaderamente
testimonio y agentes de cambio, muchas veces en medio de una sociedad cada vez
más hostil no solamente a Dios, sino al bien mismo incluso. Deseamos que este
mensaje, pueda hacer eco en los corazones de Buena Voluntad, que en lo poco o
mucho que podamos aportar, ilumine las mentes y las conciencias de los ciudadanos
de esta lastimada Ciudad.
Hermano
y Servidor.
+
Mauricio P. Solís, Obispo Católico - Tanatólogo
Agrupación
Religiosa “Administración Apostólica de Corpus Christi”
(Sin Representación de la Iglesia Católica Romana)
Mexicali,
B.C., a 17 de julio de 2024.

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