Carta Episcopal De Die Autem Sobre el Discernimiento de los Tiempos Escatológicos
Carta Episcopal
De Die Autem
Sobre el Discernimiento de los Tiempos Escatológicos
Prot. No. CE-686-01/2023
1 – Pero de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre (Matt. 24, 36). Sin duda, vivimos en un tiempo donde la confusión crece no solo de manera paulatina, sino con pasos acelerados y nos encontramos en una encrucijada de falta de discernimiento y de auténtica espiritualidad en medio de tantos profetas de calamidades que ansían ver catástrofes de tintes apocalípticos. Y es aquí, donde podemos encontrar luz en el Evangelio, de la misma boca del Divino Redentor en el discurso escatológico de San Mateo:
“Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores”. (Matt. 24, 3 – 8).
2 – Cada generación atrae sus complejidades y desafíos desde los aspectos morales y eclesiales. Cada época trae sus propias decadencias en una constante lucha de fuerzas entre la luz y las tinieblas. El azote de la propia mediocridad humana, de la soberbia desmedida, del sentirse a sí mismos como profetas y salvadores, pero vacíos de Aquel que da la luz y la profecía para edificar y empujar hacia adelante.
Vivir de cara a los acontecimientos venideros, pero dejando de lado la esperanza en el Triunfo de Cristo y más aún, sin esperar que el Venga en Segunda y Gloriosa Manifestación, es vaciar tajantemente todo el sentido escatológico y profético de los acontecimientos, porque, no sabemos el momento histórico de esta Revelación definitiva, hemos de vivir y morir, si así lo determina la Providencia, de cara a esta realidad que escapa de nuestra razón, incluso de la piadosa idea de la espera, pues vendrá el Señor, sin duda, ya no con la dulzura de la Encarnación, sino con el poder de ser Juez Justísimo de Vivos y Muertos, cumpliéndose así el segundo gran discurso escatológico del Señor:
” Pero cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los ángeles
con Él, entonces se sentará en el trono de su gloria; y serán reunidas delante
de Él todas las naciones; y separará a unos de otros, como el pastor separa las
ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su
izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: «Venid, benditos de mi
Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.
[…] Entonces dirá también a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, al
fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles” (Matt. 25, 31
– 34; 41).
3 – El testimonio de la Iglesia Primitiva nos interpela hoy a esta sociedad necesitada de signos y señalas prodigiosas para satisfacer su necesidad de creer en los acontecimientos pasados y vislumbrar los futuros. Contrario a la fe los Primeros Cristianos que vivían y esperaban con una fe ardiente hasta el testimonio de su sangre. Viviendo el ardor de la caridad fraterna como si el Señor llegará pronto. Y aquí, es conveniente también hacer nuestras las palabras sabias del Padre Leonardo Castellani: “Prefiero creer que Cristo viene pronto y equivocarme, a pensar que no viene y equivocarme”.
Esto nos sumerge en el esfuerzo Cristiano de la conversión contante, como un itinerario inequívoco de quien sabe que, en vida o muerte, puede llegar a ese instante de encuentro definitivo con su Señor. Los primeros Cristianos esperaban confiadamente la Venida Gloriosa y en esa esperanza fueron ellos, los primeros que salieron al encuentro por medio de su testimonio heroico, sin desfallecer en su fe ni en su esperanza frente al verdugo. Hoy, la sociedad inmersa en un secularismo y en un laicismo desmedido desde la impresión del marxismo y del comunismo que no es sino el espejismo sutil de satanás para imponer su nueva cautividad, se aleja cada vez más de estas verdades y pone la sociedad e incluso miembros agonizantes de la Iglesia, su confianza y esperanza en profetas que anuncian caos y en muchas ocasiones, anuncian el descaro de agendas anticristianas y se presentan a sí mismos como profetas y salvadores, a este tenor, es necesario no olvidar las palabras del Señor en el mismo discurso escatologico apocaliptico del Evangelio:
“Entonces si alguno os dice: «Mirad, aquí está el Cristo[m]», o «Allí[n] está», no le creáis. Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y mostrarán
grandes señales[o] y prodigios, para así engañar,
de ser posible, aun a los escogidos. Ved que
os lo he dicho de antemano. Por tanto, si os dicen:
«Mirad, Él está en el desierto», no vayáis; o «Mirad, Él está
en las habitaciones interiores», no les creáis. Porque, así como el relámpago sale del oriente y resplandece
hasta el occidente, así será la venida[q] del Hijo del Hombre. Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres (Matt. 24, 23 – 28).
4 - ¿A qué tenor hablo de todo esto? A que no podemos mirar la Cruz y la esperanza que nos manifiesta de la liberación definitiva, y por otra parte voltear a mirar a los profetas de calamidades que anuncian destrucción sin esperanza y que se empeñan en medir los acontecimientos desde figuras antropológicas de lo que ellos mismos fraguan en sus conciencias, en sus conciertos y aquelarres para manipular incluso a los elegidos, y muchos de los cuales, han caído de las alturas que tenían destinadas, porque se han dejado seducir por el espíritu del mundo y han puesto tope a la Luz del Espíritu Santo, se han visto a sí mismos y han dejado de ver el reflejo de Aquel a quien deben configurar su vida y muerte para la redención de las almas, cuya Vocación no es ser salvadores de lo terreno, sino, como Cristo, limpiar el pecado del mundo.
No podemos poner las expectativas en adivinos, relojes que anuncian
catástrofes y que son guiados por manos humanas, que si bien es cierto, la
humanidad actual, esta generación depravada esta alcanzando niveles de
depravación inconcebibles, no corresponde al hombre especular, sino aferrarse a
permanecer al pie inamovible de la Cruz, al fruto que brota de ese árbol: los
Sacramentos, especialmente la Reconciliación y el Santísimo Sacrificio de la
Misa, a vivir en Gracia de cara al Juicio Personal para alcanzar el Juicio de
la Historia y la Sentencia definitiva que es inapelable. Es solo Dios quien se
manifestará a esta generación con todo el furor de su Justicia y de su
Misericordia.
5 – Exhortamos en Nombre de Cristo Jesús a permanecer
fieles y firmes en la Gracia de Dios, en la Sagrada Tradición y Doctrina
Autentica de la Iglesia de Cristo, mientras el mundo se tambalea y los mismos
cimientos de la Iglesia se sacuden para desprender el trigo de la cizaña, más
nos conviene ser trigo y no cizaña, para que, como manifestó San Ignacio de
Antioquía, ser tomados y transformados en Pan Puro de Cristo, ofrecido en olor
de santidad en su Presencia. Esta debe ser nuestra esperanza.
Ex Sedis Episcopalis, a XXV de enero de MMXXIII. En la Conversión de San Pablo Apóstol

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