Carta Episcopal - Sacerdos Est

 

Carta Episcopal

Sacerdos Est

Al Clero Incardinado,

y a los Seminaristas Incardinados.

Sobre la Vocación Sacerdotal

  

Prot. No. CE-686-05/2023

  

1 - Es el Sacerdote que continua la obra de la redención sobre la tierra, expresaba el Santo Cura de Ars, y el sacerdote, recibe a manera de estigmas en su alma, en su espíritu y en todo su ser, las mismas llagas que vivió y sufrió el Divino Salvador durante su vida terrena, que son: el desprecio, la incomprensión, la persecución. Quien elige ser decidido en el Servicio de Cristo y de la Iglesia, esta continuamente expuesto a los ataques del mundo, del demonio y de la carne, como bien lo expresa el libro del Eclesiástico: “Si has decidido servir al Señor, prepárate para la prueba. Conserva recto tu corazón y sé decidido, no te pongas nervioso cuando vengan las dificultades. Apégate al Señor, no te apartes de él; si actúas así, arribarás a buen puerto al final de tus días […]. Porque, así como el oro se purifica en el fuego, así también los que agradan a Dios pasan por el crisol de la humillación” (Eclo. 2, 1-3; 5).

2 - El Seños nos ha enviado a servir, como ovejas en medio de lobos, es una realidad que olvidamos y se escapa a nuestro corazón en medio de las pruebas y en medio de las consecuencias de algunos de nuestros propios actos, y sin embargo, así como nos vemos expuestos en medio de estas pruebas, así también la gracia sale a nuestro encuentro para sostenernos, y la acción del Espíritu de Cristo habla a través de nosotros de formas que no podemos explicar.

3 - Las promesas del Señor no han sido dadas para que gocemos ahora, sino para que perseveremos hasta el final, aún en medio de nuestras propias caídas, lo que no podemos darnos permiso es de permanecer tumbados en el suelo conmiserándonos ni auto – humillándonos, cuando el Señor mismo esta dispuesto a salir a nuestro encuentro para tendernos su Mano y levantarnos, la perseverancia no significa no llegar a caer, sino, por el contrario, encontrar el valor de levantarnos en medio de la prueba para seguir caminando, y de un modo especial, consiste en hacer nuestras también las palabras del Apóstol: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe (II Tim. 4, 7), esta exhortación, nos anima a n desfallecer, a trabajar más rápido y más esforzados que los hijos de las tinieblas y los servidores de este mundo, luchar para que brille Cristo por medio del Ministerio que se nos ha confiado, que brille Cristo por encima de nuestra humanidad, que seamos realmente el aroma fragante del Crisma con el que fuimos ungidos y con el que serán ungido muchos más en el futuro.

4 - Lo que el Señor nos dicta en el corazón por medio de su Palabra, por medio de su Espíritu, no es para que lo atesoremos como quien avariciosamente no hace uso de él, por el contrario, es para que brille en medio de las tinieblas, de nuestras propias tinieblas para hacerlo vida, pero para que también el mundo se vea beneficiado con esta misma luz que es de Cristo y que nos comunica como Siervos que somos de él.

5 - No podemos enfocarnos en la paz que el mundo espera, fruto de sus propias fuerzas y caprichos, porque, así como el mundo se divide a sí mismo, todo aquel que se dispone y sirve a Cristo, va a ser causa de una división aún mayor y más satisfactoria en el Juicio, porque Cristo no vino a traer paz, sino guerra (Mt. 10, 34-39), y el campo se divide entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas, el fruto del servicio es la división, la persecución, porque el mundo no conoce a Cristo y el mundo no quiere conocerlo ni quiere conocer a quienes son de Cristo y hablan y actúan en su Nombre. Por eso, no debemos temer a ser rechazados, porque somos de Cristo.

6 - No nos espante nuestra fragilidad, somos hombres, como decía Santa Teresa, por eso Cristo nos es familiar, y podemos tratar con él como con amigo, como con padre, como con hermano, porque entiende la flaqueza de la carne, sin haber tocado el pecado como nosotros, pero es precisamente por ello que nos pone ejemplo y en él, nos fortalece para vencerlo, para resistirle, pero si caemos, ese mismo ejemplo nos propone levantarnos y seguir caminando hacia adelante. La confianza y el abandono total en este sentido en el Señor es una llave a favor nuestro para vencernos a nosotros mismos.

7 - Tengan cuidado y discernimiento, porque satanás, como astuta serpiente va a venir a hacerlos dudar, así como hizo dudar en el Paraíso a los Primeros Padres por medio de Eva, pero sin desanimarse ni ser escrupulosos, sino mesurados y prudentes, así, el Espíritu Santo podrá actuar en cada uno de nosotros.

8 - Les bendigo, Hijos míos e invoco sobre cada uno de ustedes la bendición y la intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de Cristo Sacerdote y Madre de la Iglesia, y les exhorto para que se acojan a su maternal protección, y a la protección de San José y de San Miguel Arcángel. El Señor nos llama por su Misericordia, nosotros solo respondemos a los dones de su caridad. 

Ex Sedis Episcopalis, a XXI de junio de MMXXIII.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Nuevo Aviso de Privacidad 2025 (Actualizado)

Decreto de Incardinación Clerical 03/2022 - Incardinación para recepción de Ordenes Menores

Carta Episcopal - Conticuit Populus - Reflexiones sobre la Situación Social en la Actualidad