Mensaje Episcopal con Motivo del Año Nuevo 2023

 

MENSAJE EPISCOPAL
CON MOTIVO DEL AÑO NUEVO DE GRACIA MMXXIII

Nos concede, queridos hijos, la Divina Providencia, el poder comenzar un nuevo año de gracia, envueltos en el misterio de la encarnación del Verbo eterno de Dios. Esto nos hace reflexionar sin duda sobre el gran amor que el Señor nos ha tenido y nos hace revivir la esperanza de trabajar por alcanzar nuestras metas personales de manera humana. También nos invita a seguir el camino de la conversión de nuestra vida y a vivir cada momento enfocándonos en el Señor que saldrá a nuestro encuentro, no solo al final de la historia, sino también al final de nuestra historia personal, cuando él disponga llamarnos al juicio personal.

Es un momento de agradecimiento por el año que hemos terminado, contemplando también a aquellos que se han adelantado en el viaje de la vida y agradeciendo el don de la vida aun en medio de las contrariedades que hemos vivido y que han sido oportunidades de aprendizaje para cada uno de nosotros, tanto a nivel personal como familiar. Podemos decir junto con Santo Job: "Desnudo llegué a este mundo, y desnudo saldré de él. El Señor me lo dio todo, y el Señor me lo quitó, bendito sea su Santo Nombre" (Job 1:21). Vivir esa santa indiferencia no significa vivir sumidos en la mediocridad espiritual y humana, sino usar lo que Dios nos otorga sin ataduras, porque al final de esta vida pasajera, tendremos que dejarlo todo para que otros lo disfruten. Debemos usar sabiamente los bienes para que sean medios que nos ayuden a santificarnos y a alcanzar la salvación que Cristo nos ha dado a través de su sacrificio en la cruz, por el cual se hizo hombre en el seno de la Bienaventurada Virgen María, Madre y Corredentora nuestra.

Es necesario ejercitar las virtudes teológicas de la fe, la esperanza y la caridad, no solo recordarlas, sino hacerlas completamente nuestras de cara al presente y al futuro, con una mirada confiada en la Providencia. Debemos abandonar el pasado a la misericordia de Dios y esforzarnos por no repetir los errores cometidos y purificar las buenas obras y las virtudes que Dios ha puesto en nosotros.

Esta vida es una constante batalla, aunque se levanten voces que nos rechacen como conceptos medievales. La vida del hombre es una constante lucha contra tres enemigos comunes: el mundo, el demonio y la carne. Debemos vivir en medio del mundo, pero sin pertenecerle, reconociendo que vamos de paso con una esperanza sobrenatural de alcanzar la salvación.

Debemos estar alerta ante las tentaciones que el demonio pone delante de nosotros, como males disfrazados de bienes y esclavitud disfrazada de libertad. También debemos luchar constantemente con nuestra propia carne, que se inclina al mal y al pecado, y corta la vida de gracia sobrenatural que brota del deseo de Dios de que permanezcamos unidos a él para ser uno solo, creaturas restauradas.

Iniciar un año es también iniciar la expectativa del futuro, tanto de los acontecimientos personales como de los sociales. No estamos aislados y es necesario comprender y discernir los signos de los tiempos y velar como las vírgenes prudentes para que el Señor no nos encuentre perezosos ni arrullados por el mundo y nuestras pasiones, sino listos. Debemos recordar que la lucha espiritual trasciende al mundo físico y que los enemigos del alma no descansan.

Queremos extender a los hombres de buena voluntad, no solo nuestros mejores deseos para este Nuevo Año que estamos por comenzar, sino también invitarles a una constante conversión de corazones y conciencias. El Señor llama a la puerta de cada uno de nosotros, pero solo somos nosotros quienes debemos tener la disposición de recibirle y aceptarle. La decisión es personal, al igual que las consecuencias, buenas o malas. Es el Señor quien constantemente nos llama para encontrarnos con él.

Extendemos nuestra bendición sobre cada uno y sus familias, implorando toda clase de bienes espirituales y materiales, que no falte lo necesario para el sustento y especialmente, que crezcamos en gracia y en el conocimiento de Dios, en la frecuencia de los santos sacramentos. Nos lo conceda el Señor por intercesión de la Santísima Virgen María, de su castísimo esposo San José y de San Miguel Arcángel.

Feliz Año de Gracia del Señor 2023.


                                                                                           Dado a los 30 días del mes de diciembre de 2022




+ Mauricio P.
Episcopus


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