Carta Episcopal - Ex Hominibus Primitiae - Por la Conmemoración del Día de la Vida Consagrada
Carta Episcopal
Ex Hominibus Primitiae
Por la Conmemoración del Día
de la Vida Consagrada
Prot. No. CE-686-02/2023
1 – Redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero (Ap. 14, 4), eso es el Consagrado y debe tener siempre presente ello delante de sí. Ha renunciado libre y voluntariamente al mundo, a los placeres de la carne, para vivir en continua renuncia de sí mismo y en continua mortificación de sus sentidos. Se ofrece constantemente como sacrificio de expiación a Dios por el mundo, junto con Cristo para borrar el pecado del mundo. Se unen en unión virginal con Cristo aquellas mujeres decididas a renunciar a una familia para ejercer como María, una maternidad espiritual sublime, acogiendo en su corazón a las almas necesitadas de la Gracia de Dios. Se unen a Cristo y a su Iglesia Santa, los varones animados no por los deseos y los bienes de este mundo, sino en un deseo de perfección y en un constante servicio a las almas, ambos, ejercitando en su cuerpo y en su alma las virtudes que son fruto de los Consejos Evangélicos de Castidad, Pobreza y Obediencia que el mundo mediocre no entiende ni le importa comprender siquiera, porque vive en el tiempo como este no tuviera fin y lo pudieran aplazar a su conveniencia.
2 – ¡Que penoso es ver a los Religiosos y Religiosas actuando como el mundo y no conforme a la promesa de sus Votos! Ciertamente que el Hábito no hace la Vocación, pero recuerda al Consagrado su lugar, un lugar que libremente escogió para servir a Cristo en primer lugar y servir al prójimo como consecuencia de amar a Dios. Contemplamos los grandes desordenes en las Casas Religiosas, con tristeza y con expectativa. Cuando se deja de ver a Cristo y solo se centra el consagrado en el pragmatismo del apostolado, corremos el riesgo de hacer una “religión” antropocentrista y pasa de ser un Apostolado para ser una labor altruista, reducida a la actividad de cualquier Asociación Civil o Gubernamental, pero no una Obra de Iglesia que busca no solo ejercitar la caridad, sino que debe velar por la santificación y la salvación de las almas.
3 – Cristo, Nuestro Señor, no fue un mero líder social que paso haciendo el
bien, verle solo así, es pecar gravemente y olvidar su realidad como Hijo de
Dios, Salvador y Mesías. El primer apostolado del Señor fue siempre el bien
espiritual de quienes se acercaban a él, aquejados de males físicos, morales y
espirituales, en él se veía el cumplimiento de Isaías: - El Espíritu
del Señor Dios está
sobre mí, porque me ha ungido el Señor para traer buenas
nuevas a los afligidos; me ha enviado para vendar a los quebrantados de
corazón, para proclamar libertad a los cautivos y liberación a los prisioneros
- (Is. 61, 6; Cfr. Lc. 4, 18). Y después de anunciar el Reino de Dios,
consciente de la necesidad material, dio de comer para satisfacer también el
hambre del cuerpo (Lc. 9).
4 – El Consagrado, debe seguir el ejemplo del Señor, - buscar primero el Reino de Dios y su justicia – (Mt. 6, 33), tienen la Obligación de ser – contemplativos y después de apostolado – (Parafraseando al Siervo de Dios Félix de Jesús Rougier) solo así serán capaces de reformar la Vida Consagrada en una imperante necesidad de volver a los inicios y a la autentica mente de sus Fundadores, muchos de ellos modelos e intercesores. Cada Carisma aporta a la Iglesia un germen de salvación que brota del mismo Corazón Sacratísimo de Jesús que desea abrazar a todo el género humano por medio de ellos, como los abrazo desde la Cruz aquel Viernes Santo, cada Consagrado es y debe ser, un fruto fecundado por aquella Sangre Preciosa y aquella Agua Purísima que broto de su Costado Herido, así, de ese Costado traspasado en el Sagrario, debe nutrir todas sus aspiraciones y fortalecer todas sus fuerzas, como el siervo busca los torrentes de agua donde saciar la sed del camino, no puede concebirse de otra manera, el Consagrado en la Iglesia, no puede permitirse actuar de otra manera, porque de lo contrario, el demonio lo llevará en pos de sí, a donde el cuerpo puede desear, pero a donde el alma solo encontrará sufrimiento y hastío.
5 – El Consagrado no es un arlequín al servicio del mundo ni para su entretenimiento como tristemente tenemos tantos ejemplos palpables de los que no vale pena alguna hablar, que no merecen mayor mención de ellos sino en la oración para reparar por ellos y suplicar para que se conviertan y vuelvan a aquel Primer Amor que el Señor hecha en cara a la Iglesia de Éfeso (Ap. 2, 4) y que parece que se han convertido a sí mismos en la iglesia de Pérgamo abrazando toda clase de obras aborrecibles (Ap. 2, 12 – 17) y que solo por la misericordia de Dios pueden enmendar su Vocación.
6 – Exhortamos, por amor a Jesucristo, el Señor, por amor de la Santísima Virgen María, a los Fieles de Buena Voluntad a no cesar de ofrecer Oraciones y Sacrificios en favor de los Consagrados para que permanezcan fieles a sus Votos y crezcan en amor a Dios y servicio autentico a la Santa Iglesia. Y Exhortamos severamente también a los Hijos Consagrados de la Iglesia a no apartarse de la Cruz, a seguir fielmente a Cristo, a permanecer firmes en medio de las tempestades con que el mundo, el demonio y la carne buscan hacer perder el sentido de su Vocación. No es el clericalismo el mal de las Vocaciones, sino la falta de amor y de identidad del Ser Consagrados, la falta de comprensión que están en el mundo sin ser de él. Solo así serán capaces de reformarse con una conversión constante para poder incendiar a sus Comunidades Religiosas en amor autentico a sus Reglas y Forma de Vida según el Corazón de Cristo, de la Iglesia y de sus Venerables Fundadores.
7 – El Señor asista a sus Consagrados para que verdaderamente sean sal y luz de la tierra (Mt. 5, 13 – 16). Señor, mira con misericordia a Tú Iglesia, concede, no abundantes Vocaciones, sino hombres y mujeres dispuestos a dejarlo todo por amor de tú Nombre, que deseen servirte y servir a sus hermanos con sinceridad de corazón, que por amor del Reino lo dejen todo y se abandonen a tu Divina Providencia y a tu Santa Voluntad. Así sea.
Ex
Sedis Episcopalis, a XXXI de enero de MMXXIII.

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